Resumen de los contenidos de vuestras presentaciones de clase
para el control tipo test
https://www.box.com/s/a3ubdd09yfjzuemt0o00
Geoecononomía 4º ESO
martes, 5 de marzo de 2013
lunes, 19 de noviembre de 2012
Concepto actual de desarrollo: Indicadores y medidas
APUNTES:
Análisis en profundidad sobre
que es y como debe medirse el Desarrollo Económico
Lo que nos interesa en una primera
instancia es examinar críticamente la validez y confiabilidad de los
indicadores más ampliamente utilizados en la actualidad, tanto por los
gobiernos como por los principales organismos económicos internacionales, para
dimensionar los niveles de desarrollo económico y social alcanzados por los
distintos países.
EL PIB Y EL PNB COMO INDICADORES
DE DESARROLLO:
En general, se suele aceptar
que lo que marca realmente la diferencia entre las distintas economías
nacionales en cuanto a su nivel de desarrollo es la productividad con la que
emplean sus recursos productivos, es decir su dotación de riquezas naturales,
capacidades humanas y equipamiento. No obstante, resultando extremadamente
difícil asignar valores precisos a esta variable, se suele recurrir en la
práctica al procedimiento más simple de calcular el valor del producto
nacional bruto (PNB) o del producto interno bruto (PIB) como indicadores de
desarrollo. Como es sabido, tales indicadores registran el valor monetario de
todos los bienes y servicios finales producidos por una economía en el lapso de
un año.
Desde luego, los montos globales
del PIB y del PNB deben ser dividirlos por el número de los habitantes de cada
país. Sólo así, como PIB o PNB per cápita es posible hacerse una primera idea
de la cantidad aproximada de bienes y servicios que cada persona de un país
podría comprar en el lapso de un año si los 3 ingresos fuesen repartidos en
forma equitativa, lo que, como se sabe, está muy lejos de ocurrir en la
práctica. Además, para realizar comparaciones apropiadas se hace aún necesario
corregir las paridades nominales derivadas del tipo de cambio mediante un
factor de conversión que permita establecer una paridad real de los ingresos en
términos del efectivo poder adquisitivo del signo monetario en los respectivos
espacios económicos nacionales. Es la llamada “paridad de poder
adquisitivo” (PPA) que “indica el número de unidades de la moneda de un país
necesario para adquirir la misma cantidad de bienes y servicios en el mercado
local que se podrían comprar con un dólar en los Estados Unidos. El
PNB ajustado en función de la PPA permite entonces comparar mejor el consumo o
los ingresos medios entre distintas economías” (Banco Mundial, 2000,
Cap.II). En los países pobres, el PIB real per cápita suele ser más
alto que el PIB nominal per cápita, y en los países ricos, más bajo. Ello es
expresivo del hecho de que el poder de compra interno de las monedas suele ser
en los países pobres mayor que su poder de compra externo y en el caso de los
países ricos suele suceder lo contrario.
Partiendo del enfoque de la PPA la
revista inglesa The Economist ha llegado incluso a popularizar al “Big
Mac” como indicador del valor relativo de las diversas monedas. Todo esto
implica que la diferencia entre los ingresos reales per cápita de los países
desarrollados y en desarrollo suele ser menor que la diferencia entre los
ingresos nominales per cápita, debido a las diferencias de precios en los
productos de consumo de origen nacional.
Siendo numerosas las objeciones que
desde hace bastante tiempo se vienen levantando al uso del PIB y/o del PNB como
indicadores de desarrollo, una de las voces críticas más autorizadas y
reconocidas es la del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo
(PNUD). Tanto es así que el PNUD no sólo llegó a estimar imprescindible la
elaboración de un indicador alternativo sino que también lo desarrolló y
comenzó a aplicarlo desde 1990: el índice de desarrollo humano (IHD).
Según este organismo, aun
corrigiendo sus actuales omisiones e inconsistencias, el PIB y el PNB jamás
podrán ser una medida útil de desarrollo, entendido como nivel de bienestar
humano, por la muy simple razón de que el criterio en que se basan no es
apropiado para ese objetivo: el PIB y el PNB sólo se orientan a medir
los medios (la producción de bienes y servicios), pero no los fines últimos de
la actividad económica (el bienestar de las personas)
Criticas al PIB y PNB a favor
del IDH
1. Sólo registra los intercambios
monetarios, ignorando la gran cantidad de trabajo que se realiza en el seno del
hogar y de la comunidad (estimado en 2/3 del trabajo femenino y 1/4 del trabajo
masculino) .
2. Considera en los mismos términos
la producción de “bienes” (como la atención de los niños y los ancianos) y de
“males” (como la manufactura de cigarrillos o armas químicas)
3. Suma a la producción de males la
de los medios y acciones remediales que ellos demandan (el sobre consumo de
alimentos o de alcohol y las terapias que luego se requieren)
4. Asume que los recursos naturales
son gratuitos, ignorando la degradación ambiental, la contaminación y el
progresivo agotamiento de los recursos
5. No asigna valor al tiempo libre
de las personas, sea que lo ganen (aun a expensas de un menor ingreso) o que lo
pierdan (por la necesidad de trabajar horas extra o de tener una segunda
ocupación)
6. Tampoco considera el valor de la
libertad, los derechos humanos o la participación, con lo que resulta
perfectamente compatible un alto nivel de ingreso con condiciones de virtual
esclavización de las personas
De estas objeciones, todas ellas
contundentes, una de las más importantes es la que apunta a la, a veces
extrema, desigualdad existente en la distribución del ingreso, lo que invalida
la consideración de este indicador como una señal de bienestar. En efecto, como
es fácil de entender, un mismo ingreso promedio por habitante puede ser
expresivo de realidades humanas y sociales muy distintas.
Por ejemplo, podría indicar en un
caso la existencia y explotación intensiva de una gran riqueza natural
(petróleo) como sustento de una economía monoexportadora, y como tal
escasamente diversificada, altamente dependiente y muy vulnerable a los
vaivenes de la economía mundial y en otro ser expresiva de una acumulación de
recursos financieros, técnicos y tecnológicos, abundantes y variados, con un
alto grado de dinamismo y sustentabilidad económica propia
LA BÚSQUEDA DE CAMINOS ALTERNATIVOS
El PIB y el PNB se revelan, en
suma, como indicadores doblemente engañosos puesto que, por una parte, la
distribución de los frutos del crecimiento está lejos de ser equitativa, y por
la otra, el proceso productivo viene acompañado de una indolente destrucción de
los recursos naturales.
Son numerosos los casos en que
el crecimiento económico no va acompañado de una mejora equivalente del nivel
de vida de las personas, alcanzándose a veces a expensas de una mayor
desigualdad económica y social, altos grados de opresión política, una
progresiva pérdida de la identidad cultural o la indolente devastación de los
recursos naturales
A este respecto resulta ilustrativa
la situación que constata el Informe sobre desarrollo humano de 1996: “ En el
período 1960–1992, de los países que se encontraban en situación de desarrollo
desequilibrado con un desarrollo humano lento y un crecimiento económico
rápido, ninguno logró efectuar la transición hacia un círculo virtuoso en que
pudieran reforzarse recíprocamente el desarrollo humano y el crecimiento”
(PNUD, 1966:94) En consecuencia, la ausencia de desarrollo humano termina
convirtiéndose a la larga en una barrera infranqueable al propio crecimiento
económico.
Indicadores más operativos
propuestos por el Banco Mundial, llamados “diamantes” de los países:
Esperanza de vida al nacer
La tasa bruta de matrícula primaria (o
secundaria)
el acceso al agua potable
PNB per cápita.
Pero el más fiable es el El Índice
de Desarrollo Humano (IDH). Desde 1990 los especialistas del PNUD
(Plan Naciones Unidas par el Desarrollo) vienen utilizando como indicador
compuesto del desarrollo el “índice de desarrollo humano”. Este índice ha sido
construido a partir de un promedio simple de tres índices que reflejan los
resultados de un país en materia de:
1. Salubridad, medida por la
esperanza de vida al nacer
2. Educación, medida según la
alfabetización de adultos y la matrícula total en los niveles primario,
secundario y terciario
3. Nivel de consumo, medido por el
PIB per cápita ajustado en función de la paridad del poder adquisitivo
Para calcular el índice: se
establecen respecto de cada uno de los indicadores los valores máximos y
mínimos siguientes: • esperanza de vida al nacer: 25 años y 85 años • tasa de
alfabetización de adultos (15 o más años de edad): 0% y 100% • tasa bruta de
matrícula combinada: 0% y 100% • PIB per cápita (PPA en dólares): 100 dólares y
40.000 dólares (PPA en dólares)
La ventaja del IDH frente al método
de los diamantes de indicadores es que permite ordenar a todos los países en
función de sus logros en cuanto a desarrollo humano. Expresa del éxito (o el
fracaso) de un país en cuanto a trasladar los beneficios del crecimiento
económico a la calidad de vida de la población.
Otro concepto y sus indicadores,
el Desarrollo Sostenible
Vídeo con la definición y principios básicos del desarrollo sostenible
http://www.youtube.com/watch?v=z5XI4X5JJcE&feature=relatedIndicadores relacionados con del desarrollo sostenible:
La tasa de ahorro genuino
(inversión genuina) tiene por objeto: el ajuste de la tasa de ahorro
tradicional deduciendo el valor estimado del agotamiento de los recursos
naturales y los daños provocados por la contaminación (la pérdida del capital
natural) y añadiendo el aumento del valor del capital humano (derivado,
principalmente, de la inversión en educación y servicios básicos de atención de
la salud)”.
El índice de bienestar
sostenible (IBS), es un nuevo indicador alternativo que se viene a
sumar a los anteriores en su intento por medir aquellos aspectos que tienen que
ver con la calidad de vida de las personas. El IBS, desarrollado por Daly y
Cobb en 1989, sustrae al consumo personal que refleja el PIB, los gastos de
Defensa y otros que no contribuyen al bienestar de la ciudadanía. De acuerdo a
ese criterio, según un estudio de la investigadora Beatriz Castañeda, el
“Bienestar Sostenible” ha disminuido en más de un 60 % en los últimos 33 años
con respecto al PIB.(Castañeda, 1999).
El PIB no considera la escasez de
los recursos naturales, ni la degradación del medio ambiente, ni las
consecuencias de esto sobre salud y bienestar de la población. El IBS en cambio
incorpora, tanto estos aspectos, como el valor del trabajo de la dueña de casa,
los servicios de bienes durables y el agotamiento de los recursos naturales.
Ejemplo relación PIB y IBS en
Chile
De acuerdo a este mismo estudio, el
IBS se muestra en Chile correlacionado con el PIB hasta el año 1985. Después de
la recesión de 1982 el país duplicó el PIB pero el IBS disminuyó. En síntesis,
en Chile el IBS creció más lento que el PIB, considerando que la contribución
del trabajo de la mujer es un aspecto positivo, pero la disminución del capital
natural es fuertemente negativo. Este resultado no es sorprendente considerando
que Chile es un país “en vías de desarrollo” cuyas exportaciones se hallan
principalmente basadas en recursos naturales.
LA PROBLEMATICA DEL DESARROLLO
ECONOMICO Y LOS INDICADORES CONCLUSIÓN.
Se debe marcar la diferencia entre
“crecimiento” y “desarrollo económico” porque si bien el PIB, con todas las
correcciones que fuese necesario introducir en sus procedimientos de cálculo,
sólo pudiese ser indicativo del ritmo y nivel de crecimiento económico, ninguno
de los indicadores compuestos que hemos descrito es capaz de dar cuenta, en
rigor, del desarrollo propiamente económico.
El desarrollo económico no es
simplemente una determinada cuantía de recursos contables generados o
disponibles por habitante, ni aún en el caso de que se intentase complementar
esa información con la referida a los niveles de logro alcanzados en ámbitos
tan relevantes para la vida de las personas como son los de la salud y la
educación.
Se hace necesario avanzar hacia la
definición de nuevas formas de abordar el problema del desarrollo económico y
social, poniendo atención tanto en la fortaleza y sustentabilidad de los logros
productivos como en la distribución equitativa de los mismos en consonancia con
los derechos básicos de las personas y en el marco de una economía cada vez más
globalmente entrelazada.
Extracto de: http://www.mitecnologico.com/Main/PrincipalesIndicadoresDesarrolloEconomico
Extracto de: http://www.mitecnologico.com/Main/PrincipalesIndicadoresDesarrolloEconomico
Ideas básicas sobre las
teorías del desarrollo
A continuación un vídeo en el que se desarrollan las dos teorías , la de la modernización y de la dependencia ( la exposición de las ideas se encuentra entre el minuto 13 al 23 aproximadamente).
https://www.youtube.com/watch?v=BOqDNOKo1BA
Fuente : http://pepetoideas.blogspot.com.es/2011/02/presentacion-y-resto-apuntes-para.html
Enlace para trabajar la globalizacion
Aquí os dejo el enlace con el que hemos trabajado la Globalización.
http://redesformacion.jccm.es/aula_abierta/contenido/97/387/2293/EC1_U5_T3_CONTENIDOS/index.html
http://redesformacion.jccm.es/aula_abierta/contenido/97/387/2293/EC1_U5_T3_CONTENIDOS/index.html
lunes, 12 de noviembre de 2012
Más allá de la crisis (Josep Fontana)
MÁS ALLÁ DE LA CRISIS ( Josep Fontana)
El período de 1945
a 1975 había sido en el conjunto de los países
desarrollados una época en que un reparto más equitativo de los ingresos había
permitido mejorar la suerte de la mayoría. Los salarios crecían al mismo ritmo
a que aumentaba la productividad, y con ellos crecía la demanda de bienes de
consumo por parte de los asalariados, lo cual conducía a un aumento de la producción.
Es lo que Robert Reich, que fue secretario de Trabajo con Clinton, describe
como el acuerdo tácito por el que “los patronos pagaban a sus trabajadores lo
suficiente para que éstos comprasen lo que sus patronos vendían”. Era, se ha
dicho, “una democracia de clase media” que implicaba “un contrato social no
escrito entre el trabajo, los negocios y el gobierno, entre las élites y las
masas”, que garantizaba un reparto equitativo de los aumentos en la riqueza.
Esta tendencia se invirtió en los años setenta,
después de la crisis del petróleo, que sirvió de pretexto para iniciar el
cambio. La primera consecuencia de la crisis económica había sido que la
producción industrial del mundo disminuyera en un diez por ciento y que
millones de trabajadores quedaran en paro, tanto en Europa occidental como en
los Estados Unidos. Estos fueron, por esta razón, años de conmoción social, con
los sindicatos movilizados en Europa en defensa de los intereses de los
trabajadores, lo que permitió retrasar aquí unas décadas los cambios que se
estaban produciendo ya en los Estados Unidos y en Gran Bretaña, donde los
empresarios, bajo el patrocinio de Ronald Reagan y de la señora Thatcher,
decidieron que éste era el momento para iniciar una política de lucha contra
los sindicatos, de desguace del estado de bienestar y de liberalización de la
actividad empresarial.La lucha contra los sindicatos se completó con una serie
de acuerdos de libertad de comercio que permitieron deslocalizar la producción
a otros países, donde los salarios eran más bajos y los controles sindicales
más débiles, e importar sus productos, con lo que los empresarios no sólo
hacían mayores beneficios, al disminuir sus costes de producción, sino que
debilitaban la capacidad de los obreros de su país para luchar por la mejora de
sus condiciones de trabajo y de su remuneración: los salarios reales bajaron en
un 7 por ciento de 1976 a
2007 en los Estados Unidos, y lo han seguido haciendo después de la crisis.
Asi se inició lo que Paul Krugman ha llamado “la gran divergencia”, el proceso por el cual se produjo un
enriquecimiento considerable del 1 por ciento de los más ricos y el
empobrecimiento de todos los demás. En los Estados Unidos, se pudo ver en
vísperas de la crisis de 2008 que este 1 por ciento de los más ricos recibía el
53 por ciento de todos los ingresos (esto es más que el 99 por ciento
restante).En las primeras etapas este proceso tal vez resultaba poco
perceptible; pero cuando sus efectos se fueron acumulando acabaron despertando
la conciencia de una desigualdad social en constante aumento. En mayo de 2011
Joseph Stiglitz publicó un artículo que se titualaba: “Del 1%, para el 1% y por
el 1%”.Este del 1 por ciento ha sido uno de los lemas principales de los
movimientos de ocupación que se han desarrollado en diversas ciudades
norteamericanas. Pero Krugman ha hecho un análisis aún más afinado que muestra
que es en realidad el 0’1 %, esto es el uno por mil de los norteamericanos, los
que concentran la mayor parte de esta riqueza. “¿Quiénes son estos del 1 por
mil?, se pregunta ¿Son heroicos emprendedores que crean lugares de trabajo? No.
En su mayor parte son dirigentes de compañías (...) o ganan el dinero en las
finanzas”.
Los resultados a largo plazo de la gran divergencia, que se
iniciaba en Estados Unidos y en Gran Bretaña en los años setenta y se extendió
después a Europa, transformaron profundamente nuestras sociedades. Las
consecuencias de una inmensa redistribución de la riqueza hacia arriba no sólo
se han manifestado en el empobrecimiento relativo de los trabajadores y de las
clases medias, sino que han dado a los empresarios una influencia política con
la cual, a partir de ese momento, les resulta cada vez más fácil fijar las
reglas que les permiten consolidar su poder. Esta redistribución hacia arriba
no es el resultado natural del funcionamiento del mercado, como se pretende que
creamos, sino el de una acción deliberada. Su origen es netamente político. Para
emprender este programa se necesitaban organizaciones empresariales potentes,
que dispusieran de recursos suficientes. “La fuerza reside en la organización,
en una planificación y realización persistentes durante un período indefinido
de años”. Este llamamiento a la lucha política tuvo efectos de inmediato en la
actividad de las asociaciones empresariales. Estas asociaciones no solo
emprendieron grandes campañas de propaganda, sino que acentuaron su
participación en las campañas electorales a través de Comités de Acción
Política.
No se trata tan sólo de donativos para las campañas, sino también
de formas diversas de pagar sus servicios a los políticos, entre ellas la de
asegurarles una compensación cuando dejan la política. Y, sobre todo, de la actuación
constante de los llamados “lobbyists”, que atienden las peticiones de los
políticos.
¿Que ha conseguido el mundo empresarial con este asalto al poder? En
julio del año pasado, Michael Cembalest, jefe de inversiones de JPMorgan Chase,
escribía, en una carta dirigida tan sólo a sus clientes, que se conoció porque
la descubrió un periodista, que “los márgenes de beneficio han conseguido
niveles que no se habían visto desde hace décadas”, y que “las reducciones de
salarios y prestaciones explican la mayor parte de esta mejora”. “La
compensación por el trabajo está en los Estados Unidos en la actualidad al
mínimo en cincuenta años en relación tanto con las cifras de ventas de las
empresas como del PIB de los Estados Unidos”.
Otro beneficio indiscutible ha sido la disminución de sus
contribuciones al sostén del estado. El peso político creciente de las empresas
ha conducido a la situación paradójica de que éstas escapen a la fiscalidad por
la doble vía de negociar recortes de impuestos y exenciones particulares, y de
tener libertad para aflorar los beneficios en las subsidiarias que tienen en
paraísos fiscales, donde apenas pagan impuestos. Un estudio de noviembre de
2011 concluye que el conjunto de las 280 mayores empresas de los Estados Unidos
no han pagado en los tres años últimos más que un 18’5 % de sus beneficios.
Pero es que una cuarta parte de éstas han pagado menos del 10%, y 30 de las más
grandes no han pagado nada en tres años, sino que encima han recibido
devoluciones. Lo que se dice de las empresas se aplica también a los
empresarios: de 1985 a
2004 los 400 americanos más ricos han pasado de pagar un 29 por ciento de sus
ingresos a tan sólo un 18 por ciento, mucho menos que los pequeños comerciantes
o los trabajadores a sueldo. Y cuando Obama pretendió que quienes ganasen más
de un millón de dólares al año pagasen el mismo tipo que el ciudadano medio
norteamericano, no consiguió que el congreso aprobase la medida. Como ha dicho
Stiglitz "Los ricos están usando su dinero para asegurarse medidas
fiscales que les permitan hacerse aun más ricos. En lugar de invertir en
tecnología o en investigación, obtienen mayores rendimientos invirtiendo en
Washington”.
Hay un tercer aspecto de estos beneficios que
es la desregulación de la leyes que controlan algunos aspectos de la actividad
empresarial. Un estudio reciente de dos economistas del Fondo Monetario
Internacional, que han analizado el papel de las contribuciones económicas de
las empresas en la política, llega a la conclusión, que les leo literalmente,
de que “el gasto realizado está directamente relacionado con la posibilidad de
que un legislador cambie de postura en favor de la desregulación”. Esto, que en
el sector de la industria les ha permitido reducir, o incluso anular, los
gastos relacionados con el control de la polución, ha tenido en la actividad
financiera unas consecuencias que son las que han conducido directamente a la
crisis de 2008.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144304
lunes, 5 de noviembre de 2012
Los cambios tras la crisis de 1973. La reestructuración del sistema capitalista
Los cambios tras la crisis de 1973. La reestructuración
del sistema capitalista.
La crisis de 1973 frenó el crecimiento
económico de la posguerra ( el precio del petróleo pasó de 3 a 30 dólares ). Como
consecuencia de esta subida aumentaron los problemas en las balanzas de pago ,
creció el endeudamiento, se elevaron los precios y aumento el desempleo. El
término "estanflación" comenzó a utilizarse para describir la nueva
situación de paralización productiva acompañada con una continua subida de
precios.
El impacto de esta crisis llevó a reformular el futuro económico teniendo en cuenta las restricciones energéticas. Las dependencia de materias primas y la crisis del estado de bienestar que impedía sostener el nivel de empleo y el gasto social (educación sanidad..etc..) La reformulación condujo al surgimiento de una nueva sociedad , la sociedad post-industrial en la que la tecnología ha pasado a ser más determinante que nunca. Este proceso se inició primero en EEUU y Gran Bretaña . Los nuevos programas se basaban en la privatización de las empresas , la reducción del gasto social , la reducción de impuestos para facilitar las inversiones y la liberalización y la desregulación de los mercados. Al mismo tiempo los nuevos avances tecnológicos , sobre todo en el campo de las telecomunicaciones , el manejo de la información , la microelectrónica , la robótica , los servicios , la biotecnología y la genética impactaron fuertemente en las afinidades productivas. También se vieron afectadas las relaciones laborales al aumentar la "flexibilización y la precarización de las condiciones laborales.
El impacto de esta crisis llevó a reformular el futuro económico teniendo en cuenta las restricciones energéticas. Las dependencia de materias primas y la crisis del estado de bienestar que impedía sostener el nivel de empleo y el gasto social (educación sanidad..etc..) La reformulación condujo al surgimiento de una nueva sociedad , la sociedad post-industrial en la que la tecnología ha pasado a ser más determinante que nunca. Este proceso se inició primero en EEUU y Gran Bretaña . Los nuevos programas se basaban en la privatización de las empresas , la reducción del gasto social , la reducción de impuestos para facilitar las inversiones y la liberalización y la desregulación de los mercados. Al mismo tiempo los nuevos avances tecnológicos , sobre todo en el campo de las telecomunicaciones , el manejo de la información , la microelectrónica , la robótica , los servicios , la biotecnología y la genética impactaron fuertemente en las afinidades productivas. También se vieron afectadas las relaciones laborales al aumentar la "flexibilización y la precarización de las condiciones laborales.
El período de 1945 a 1975 había sido en el
conjunto de los países desarrollados una etapa en que un reparto más equitativo
de los ingresos había permitido mejorar la suerte de la mayoría. Esta tendencia
se invirtió en los años setenta, al producirse la crisis económica. Se inicia
entonces un proceso de signo contrario , en que los ingresos de los más ricos
crecerían a expensas de los trabajadores y de las clases medias.
Fuente: LETTIERI, A. FONTANA,J. " Por el bien del Imperio" Barcelona, 2011, PFEIFFER, A; PONTORIERO, G.; STORTINI, J. Los Tiempos Modernos. Del capitalismo a la Globalización, siglos XVII al XXI. Signo, Bs. As., 2000 y FONTANA,J. " Por el bien del Imperio" Barcelona, 2011
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